Deportistas de alto rendimiento, ansiedad y estrés

Uno de los problemas más comunes que afecta a los deportistas de alto rendimiento es la ansiedad y el estrés, tanto previo a la competencia como en el momento o después de la misma.

Ansiedad

Definición: La ansiedad es un mecanismo de defensa natural del organismo frente a estímulos externos o internos que son percibidos por el individuo como amenazantes o peligrosos​ y se acompaña de un sentimiento desagradable o de síntomas somáticos de tensión. Se trata de una señal de alerta que advierte sobre un peligro inminente y que le permite a la persona que adopte las medidas necesarias para enfrentarse a una amenaza. (ver ansiedad).

Si el cerebro del deportista considera que tiene los recursos necesarios para enfrentar la situación se activa en forma positiva (arousal)  y se prepara para actuar de la mejor manera. Pero si en cambio la situación lo sobrepasa el cerebro pasa a actuar “a la defensiva”, preparando al deportista para luchar contra esa amenaza o escaparse de la misma. Nuestro cerebro quiere salvarnos la vida. Se pone en modo supervivencia y actúa en consecuencia.

Este estrés aleja al deportista de su mejor versión, no permitiéndole rendir como realmente puede.

Ansiedad precompetitiva 

¿Un partido pone en riesgo nuestra vida? ¿Verdad que no? ¿Y un juego olímpico? ¿Una final? ¿Y un Mundial? Tampoco. Esos eventos, por más importantes que sean, no son la antesala de una muerte lenta y dolorosa. No! Se ganará o se perderá, pero no está en juego la vida de nadie. Y eso el cerebro no lo sabe, ya que mal aprendió, de forma equivocada, que ese evento que va a producirse dentro de poco es una amenaza para el deportista.

Como consecuencia de esa amenaza reacciona de forma autónoma provocando estrés y ansiedad. Todo esa situación desagradable perjudica el entrenamiento, el descanso y todos los objetivos planeados. Genera un círculo vicioso de pensamiento, donde el deportista empieza a querer, inconcientemente, evitar el evento al sentir que no va a poder lograr sus metas. Hace una evaluación sesgada y negativa de sus posibilidades reales de victoria. Esto le provoca mal humor y tensión. El atleta entrena mal.  Algunos ejercicios puede empezar a ejecutarlos de forma no correcta, lo que le genera mayor tensión y nervios. Al llegar al estadio, el día de la competencia puede sentir deseos de no querer salir a la cancha a competir. Puede llorar, sentir que le baja la presión y ganas de huir o que todo termine cuanto antes.. 

Al tener esos síntomas el deportista pierde el norte. En vez de estar concentrado en dar el máximo de sus posibilidades, concentrado en sus puntos fuertes y en los puntos débiles del rival, recordando sus movimientos claves y la táctica a emplear, en vez de estar motivado y con ganas de salir a la cancha y brillar, de estar preparado para dar el 110% de sus posibilidades, el deportista se encuentra ansioso, molesto, desganado y angustiado. La sensación de ansiedad y sus miedos por su posible fracaso consumen su energía y lo sacan de foco. 

Ansiedad competitiva

¿Y en el momento de la competencia? Imaginemos a ese futbolista que a los 20 minutos del primer tiempo erra un penal importantísimo para su equipo. Se desmorona, cae en un pozo anímico y no puede salir. Se angustia y se maldice mentalmente por esa oportunidad perdida. Deambula por la cancha pensando en el pase al equipo grande que no se hará, en la vergüenza por lo que publicarán los diarios al día siguiente, etc, etc. Cada pelota que va a tocar, desde ese momento hasta que termine el partido va a estar influenciada por ese error. Su atención cambió. Ya no recuerda su plan. Actúa, en caliente, para superar el mal trago, quiere hacer todo junto y no le sale nada. O se esconde no queriendo tocar la pelota. Se lo ve distraído o de malhumor. ¡Todo por una pelota mal ejecutada! ¡Y aún quedan 70 minutos de juego!

Estas sensaciones y pensamientos rumiantes se pueden disparar, en fútbol por un penal, pero también por una patada recibida y no sancionada por el árbitro, por un mal pase dado, por tirar la primera pelota que patea lejos del arco, por un defensor que le robó la pelota dos veces seguidas, y por un sin fin de motivos más. Y en cada deporte pasa exactamente lo mismo. Todas esas situaciones normales de un partido sacan al deportista de foco y provocan que le vaya mal. Muy mal.

El después

Ante ese cuadro el deportista, lógicamente, tiene menos probabilidades de conseguir lograr sus objetivos. Y fracasa. Esto produce en su mente una “profecía autocumplida”. Él sabía que le iba a ir mal y le fue mal. ¿Y adivinen que le va a pasar a ese deportista la siguiente vez que lo vaya a intentar? Si, volverá a sentir el mismo estrés y ansiedad, volverá a rendir mal y nuevamente fracasará. Esto genera un círculo vicioso del que es casi imposible que salga solo. Su cerebro mal aprendió.

Hipnosis y ansiedad

La hipnosis es una excelente herramienta para cortar ese círculo vicioso y pasar a un círculo virtuoso de pensamiento, en el cual el deportista vuelve a valorar, de forma real y clara, los recursos con los que cuenta. Al cambiar su estado emocional, cambia su realidad. Sube su autoconfianza. Tanto en sus entrenamientos, en los días y noches previas, como en el momento de la competencia, el deportista adquiere herramientas para resetearse, para volver a su camino y dar su máximo. Con optimismo y fe. Al saber que cuenta con estrategias de autorregulación y motivación sube su seguridad y con ella su rendimiento. Se convierte en un deportista más completo y fiable, aumentando sus posibilidades de éxito en aquello que emprende.

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